Se rumorea que el Gobierno entrante va a crear la figura –que no existe en la legislación laboral española- de los “minijobs” o miniempleos. Se trata de contratos de trabajo de 25 horas a la semana, con un salario asociado de 400 euros. Al parecer, el trabajador no pagaría impuestos ni cuotas a la Seguridad Social.
Los minijobs existen por ejemplo en Alemania, y por lo que se ve son una buena herramienta para que entren en el mercado de trabajo desempleados, estudiantes o mujeres que llevan tiempo sin trabajar. Hace unos días escuchaba en un programa de radio a Ignacio Fernández-Toxo, líder de Comisiones Obreras y, claro está, su opinión era diferente: no se trataría en realidad de miniempleos, sino de minisalarios.
Los empresarios no lo ven así, y creen que puede ser una medida apropiada para crear empleo. De hecho, la asociación de empresarios de Madrid reclama algo parecido, que viene de la noche de los tiempos: los aprendices, que estarían formándose en su puesto de trabajo y durante ese tiempo tendrían un contrato de trabajo por debajo del salario mínimo interprofesional.
Más allá de que pueda haber abusos con este tipo de figura laboral u otras parecidas, el problema que yo le veo es otro. No un problema de falta de equidad sino de incentivo a la baja productividad.
La productividad baja es, al final, el problema central de la economía española. La deuda, el déficit y el desempleo son sólo el reflejo final de una economía que no es lo suficientemente productiva. Pensemos en nuestras empresas: ¿Serían más productivas si se contrataran miniempleados?
En principio, la respuesta debe ser sí, en el sentido de que probablemente aumentaría más la facturación que la masa salarial bruta de la empresa. Pero sería una ganancia de productividad más bien escasa. ¿Daríamos formación a esos miniempleados? ¿Les integraríamos en los sistemas de calidad en marcha? ¿Les enseñaríamos el funcionamiento del ERP de la empresa…? En síntesis: ¿Entrarían como miniempleados con la idea de que se convirtieran en empelados estables, o sólo estaríamos buscando mano de obra temporal y barata?
A mí me convence más la idea del contrato de trabajo con indemnización creciente, sin temporalidad. Es decir, se contrata a alguien de primeras con empleo fijo, sin fecha de caducidad. Pero también sin derecho de indemnización en principio. Este derecho iría creciendo lenta y progresivamente según el trabajador continuara en la empresa.
De este modo, necesariamente, la Dirección de la empresa tomaría al nuevo trabajador como alguien que ha entrado para quedarse, y se preocuparía de que se integrara verdaderamente en la dinámica desde el primer día. Esto sí puede tener un impacto mucho mayor en la productividad.
Javier Hidalgo
