Cinco millones de parados

Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2007, al inicio de la crisis, el número de desempleados en España era de aproximadamente 1.800.000 personas. Hace unos días, se ha publicado la EPA del tercer trimestre de este año: ya hay casi 5 millones de parados.

Por otro lado, el PIB de España, es decir, “la facturación” de España apenas ha variado desde 2007 hasta hoy: sigue siendo de aproximadamente 1 billón de euros al año. Esto es un problema, claro, porque revela que la economía no crece. Pero lo cierto es que seguimos “fabricando” lo mismo que en 2007. En términos muy generales, podemos decir que no se “fabrican” menos bienes o servicios.

¿No es de locos? Fabricamos lo mismo con 3.200.000 trabajadores menos. Esto debería querer decir que España, S.A. ha despedido a 3.200.000 vagos, ¿no? Porque si, después de quedarnos sin esos trabajadores, la producción es la misma, quiere decir que no aportaban mucho.

Por supuesto este argumento es una simplificación absurda, y seguro que molestará a cualquier desempleado que lo lea. No había en realidad un grupo de trabajadores productivos y, por otro lado, 3.200.000 trabajadores perezosos. Lo que sí había, y esto tiene que ver con este blog sobre mejora continua en las empresas, es un bajísimo nivel de productividad y de organización. De otro modo no se explica que con muchos menos recursos la producción no haya descendido de manera significativa.

Seguro que hay empresas muy bien gestionadas que, por circunstancias del mercado, han tenido que despedir o incluso han llegado a cerrar. Pero lo que no es tolerable es la situación de aquellas empresas que no están notando en términos de facturación una disminución en el número de sus trabajadores. Es decir, aquellas que han recurrido a un recurso relativamente barato (la mano de obra que entra en las empresas en condiciones por lo general precarias) en lugar de invertir en organización y en mejoras en la productividad.

Desde este punto de vista, y aunque no sea un asunto que abordemos en este blog, la reforma del mercado de trabajo debe ser una prioridad para el nuevo gobierno que salga de las elecciones del 20N: ni los “nuevos” en llegar al mercado de trabajo deben tener unas condiciones tan lamentables (porque, como hemos visto, eso desincentiva la inversión en organización), ni los “antiguos” deben estar tan protegidos (porque se convierten en un enemigo interno colosal a los necesarios cambios organizativos).

Javier Hidalgo

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